Felicidades Papá


La grandeza de la vida no está en la duración, sino en su profundidad. Cuando ser útil se convierte en filosofía de vida, las recompensas vienen solas. El día que mi padre falte no dirá “Él murió rico”, pero si “Él vivió útil”. Tal vez, sin saberlo, adoptó la filosofía de Benjamín Franklin.

Hablemos de papá.

Les cuento que a sus sesenta y tanto todavía es un activo en la sociedad. Aunque se acueste tarde, se levanta temprano a trabajar. Decide aportar a la comunidad desde su humilde taller. Es un pequeño espacio donde dejó sus años desde la juventud. Nunca quiso hacerlo grande, ni lujoso, porque eso significaba aumentar los costos y él quería que su servicio fuera accesible para todos.

Nadie le tuvo que dar nada, porque se lo ganó a sudor, al son de malos ratos, buenos tratos y del esfuerzo diario. En los tiempos en que ser emprendedor no era enseñado, ni subsidiado, tuvo la visión y la misión de crear su taller de hojalatería y pintura, el mismo que le ayudó a mantener a su familia y contribuir en la vida de muchas personas. Fiando estimados y reparando los carros de familias enteras por más de 40 años, ganó la confianza de más de una generación.

Me pregunto, ¿cuántos miedos y pensamientos tuvo que vencer para decidir ser y hacer lo que quería en su juventud? Deben ser cientos los obstáculos que venció para mantenerse firme y ser consistente. Deben ser miles las noches sin dormir, cuando las vacas se pusieron flacas, pensando en las bocas de las familias que tenía que alimentar. Jamás fue un buen administrador ni un cobrador severo, siempre prefirió las buenas relaciones. No tengo idea de cómo venció los retos de la tecnología, las exigencias ambientales, ni la reinvención por la competencia.

Para algunos, es Tavín el de la esquina del Garaje Juano, en Villa Blanca. Para otros, al que no le pueden tocar los hijos, el de las corvetas, el hijo de Canuto o el hermano de Pumarejo. Kiko el de la Frate de Gurabo, el que no salía del Mariachi o el de la casa que se ve del expreso, a la que María le llevó la terraza.

Para mí, el que se tira el coño, el desacomedido y el no jodas más. El que me donó las canas, las pasas y el exótico corte de nariz. El que me llevaba a comer mazorcas y tomar piña colada en Piñones. El que se enrojecía por nuestro comportamiento travieso en el restaurante del tenedor, la cuchara y el cuchillo. 

El que se da los palitos, lo mismo en Caguas que en Aibonito. El amigo del juez, del policía, del contable, del que pide en la esquina. El que se encarga de su mamá y de sus nietos. El que me enseñó que nunca le tiras a la mano que te da comer y que se da de lo que tienes y no de lo que te sobra.

Santo no es, ni lo será, pero útil sí. ¿Qué más satisfacción de saber que hiciste limonadas con los limones que te dio la vida? Le has sacado el jugo, no has parado y nos enseñas con tus acciones los buenos valores.

Cada historia importa, la historia de mi papá importa, porque todos somos dignos de contar las historias que nos llevaron a ser.  

¡Felicidades, PAPÁ!   

Publicado por Karinamarie

Life Coach, Speaker y Entrenadora Certificada, especializada en liderazgo. Licenciada en Relaciones Públicas con Master en Redacción para los medios de comunicación. Soy amante de la lectura y la escritura. Miembro del John Maxwell Team y el Club Toastmaster del Sur de la Florida.

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